
Sara en su consulta en Escuela de Vida Gaia.
1. Sara, trabajas con niños y adolescentes, una etapa en la que muchas cosas están cambiando al mismo tiempo. ¿Qué crees que necesitan realmente de los adultos cuando están atravesando una etapa que ni ellos mismos terminan de comprender?
Durante la infancia y la adolescencia se experimentan cambios muy importantes y que pueden tener un impacto muy grande en sus vidas, por lo tanto lo que creo que sobre todo necesitan es que los adultos estén a su lado acompañándolos.
Los adolescentes, por ejemplo, empiezan a cambiar su manera de relacionarse y su apariencia física y comienzan a sentir emociones nuevas que muchas veces no saben cómo gestionar ya que no entienden que es lo que les está pasando. En estas situaciones, es importante que la función de los adultos de su alrededor no se base en decirles constantemente como se deben comportar o que deben sentir, sino ayudarles a poner palabras a todo lo que están experimentando para que puedan afrontarlo de una mejor forma.
2. Hay padres que llegan a consulta diciendo «mi hijo ha cambiado», «ya no habla conmigo», «está siempre enfadado» o «no sabemos qué le pasa». ¿Qué suele haber detrás de esas conductas que tanto preocupan a las familias?
Muchas veces, estas conductas que no entendemos aparecen como respuesta a esas situaciones que no saben bien cómo gestionar o expresar.
Cuando algún adolescente deja de hablar, se aísla, responde o se enfada con frecuencia, podemos quedarnos en la parte superficial y pensar que tiene un comportamiento desafiante o que ya no quiere pasar tiempo con su familia. Sin embargo, muchas veces estas conductas pueden esconder miedo, tristeza, frustración, inseguridad o incluso la sensación de sentir que nadie entiende por lo que está pasando.
Estos cambios pueden ser algo normal y que forman parte del desarrollo de los niños y adolescentes, pero es importante observar cuánto duran, cómo afectan a su vida vida y si el cambio realmente ha sido muy significativo.
Por eso, cuando estas familias acuden a consulta es importante explicarles que el principal objetivo no es buscar rápidamente una etiqueta para lo que está ocurriendo, sino tratar de entender que están intentando trasmitir los niños con estos comportamientos.
3. A veces confundimos un niño que «se porta mal» con un niño que está expresando algo que todavía no sabe decir de otra manera. ¿Qué señales deberíamos aprender a escuchar antes de que el malestar de un niño o adolescente se convierta en un problema mayor?
Creo que es importante que prestemos atención a si un niño o adolescente presenta cambios en su comportamiento. Por ejemplo, que dejen de hacer cosas que antes disfrutaban, se muestren más distantes, cambien mucho su manera de relacionarse, tengan problemas de sueño o de alimentación.
No obstante, también es necesario que tengamos en cuenta lo que dicen aunque a veces no nos guste la manera en que lo digan. Frases a las que muchas veces no les damos importancia, como, por ejemplo, «no quiero hacerlo», «no me entiendes» o «me da igual», nos pueden dar mucha información sobre cómo se están sintiendo realmente aunque ellos no sean capaces de verbalizar correctamente.
Por lo tanto, es importante prestar atención a todas estas señales y no dejar que el problema se haga demasiado grande. A veces, solamente con preguntarles cómo están de verdad y darles un espacio seguro en el que expresarse, ya les estamos ayudando.
4. También conoces muy bien el mundo del deporte desde dentro. ¿Qué te ha enseñado haber sido entrenadora de gimnasia rítmica sobre lo que significa para un deportista competir, esforzarse y convivir con la presión de tener que hacerlo bien?
Trabajar como entrenadora me ha permitido conocer el deporte desde una perspectiva muy diferente a la que se suele trabajar en consulta. He podido ver de primera mano que detrás de cada resultado se esconden muchas horas de entrenamiento, frustraciones, comparaciones, miedos y altas expectativas, entre otras muchas cosas.
La gimnasia rítmica me ha ayudado a entender que competir no consiste únicamente en salir al tapiz y hacer el ejercicio, sino que conlleva un esfuerzo diario. Es un deporte en el que te preparas durante meses, o incluso años, para demostrarlo todo en apenas unos minutos. Por lo tanto, es importante transmitir a estos deportistas la importancia de disfrutar del camino, del trabajo diario y de la gran capacidad de superación que desarrollan.
Por lo tanto, creo que toda esta experiencia me permite comprender al deportista desde dentro y tener en cuenta todo lo que influye en su rendimiento. Gracias a ello, cuando un deportista llega a consulta, no veo únicamente a alguien que quiere mejorar, sino que veo a una persona que entrena muchas horas, que tiene expectativas, que puede sentir presión y que, en ocasiones, su autoestima puede depender demasiado de lo que le ocurre en el deporte.
5. En el deporte hablamos mucho de rendimiento, pero detrás de cada deportista hay una persona. ¿Qué ocurre cuando alguien empieza a creer que su valor como persona depende de ganar, de mejorar o de estar siempre a la altura de las expectativas?
Cuando un deportista empieza a tener pensamientos como «solo valgo si gano» o «si fallo voy a decepcionar a los demás», el resultado empieza a influir en su autoestima y a definir cómo se ve y se siente consigo mismo. Cuando esto ocurre se empieza a generar una presión enorme y el deportista empieza a sentir que lo que hace nunca es suficiente, incluso cuando obtiene buenos resultados.
En estas situaciones es importante trabajar con ellos para aprender a separar entre quienes son y lo que consiguen como deportistas. El rendimiento es una parte importante de los deportistas y de las personas, pero no debe entenderse como toda su identidad. Por lo tanto, el objetivo no es que dejen de querer ganar, sino que sean capaces de hacerlo sin necesitar un resultado para sentirse válidos como personas.
6. Una lesión puede romper mucho más que una rutina de entrenamiento. Puede aparecer miedo, frustración, pérdida de confianza o incluso la sensación de haber dejado de ser quien uno era. ¿Cómo se reconstruye psicológicamente un deportista después de una lesión?
Cuando un deportista sufre una lesión, no solamente deja de entrenar, sino que pierde una parte muy importante de su vida y su día a día. Cuando esto ocurre, los deportistas cambian su rutina, empiezan a trabajar de manera individual en lugar de hacerlo con el equipo, los objetivos individuales cambian y, sobre todo, se empieza a perder esa sensación de identidad deportiva que se había desarrollado.
Por eso, en primer lugar, para reconstruir psicológicamente a estos deportistas es importante validar todas aquellas emociones que puedan sentir durante el periodo de recuperación, como frustración, miedo, tristeza o incluso rabia, y no tratar de eliminar ninguna de ellas. Después hay que recuperar progresivamente la sensación de control trabajando objetivos a corto plazo, centrándose en lo que sí puede hacer durante la recuperación y, cuando vuelva a entrenar, abordar también el miedo a volver a lesionarse, algo que suele aparecer con mucha frecuencia en estas situaciones.
Por eso, siempre es tan importante y necesario que la recuperación física y psicológica vayan de la mano.
7. Hay niños y adolescentes que aparentemente «lo tienen todo» pero viven con una enorme presión por sacar buenas notas, agradar, destacar, encajar o no decepcionar a nadie. ¿Cuándo deja de ser exigencia y esfuerzo y empieza a convertirse en sufrimiento?
Creo que la principal diferencia está en cómo cada niño o adolescente vive y experimenta esa exigencia. Por ejemplo, que quieran sacar buenas notas, mejorar en un deporte o conseguir sus objetivos es algo positivo y que puede ser una fuente de motivación.
El problema aparece cuando sienten que tienen que hacerlo perfecto y que no pueden permitirse fallar. Cuando esto ocurre, empiezan a aparecer preocupaciones constantes por equivocarse, miedo a decepcionar, comparaciones continuas o una sensación de que nunca son suficientes. Todo esto lleva a los niños a sentir una elevada presión, lo que puede acabar afectando a su estado de ánimo, a sus relaciones o a su autoestima.
Por lo tanto, como todo, creo que la exigencia y el esfuerzo es importante en su justa medida. No se trata de eliminarlos, sino de conseguir que los niños y adolescentes puedan perseguir sus objetivos sin que estos determinen cómo se sienten consigo mismos. Es importante que aprendan que pueden esforzarse mucho, querer conseguir algo y, al mismo tiempo, equivocarse, descansar o no conseguir siempre el resultado esperado sin que todo esto les haga sentir que han fracasado como personas.
8. ¿Qué papel tienen los padres y entrenadores en la autoestima de un niño o de un deportista? Y, sobre todo, ¿cómo podemos acompañar y exigir sin transmitirles que solamente son valiosos cuando consiguen resultados?
Los padres y, también los entrenadores, son figuras de referencia muy importantes durante el desarrollo de los niños y adolescentes ya que la manera en la que se relacionan con ellos puede influir mucho en su autoestima.
Podemos tener expectativas y pedirles que se esfuercen, pero es importante que sepan que su valor no depende de los resultados. Para ello, además de valorar lo que consiguen, es importante reconocer su esfuerzo, su evolución y cómo afrontan las dificultades.
Creo que al final, lo más importante es que los niños y adolescentes tengan claro que los padres y entrenadores van a estar orgullosos de ellos incluso cuando las cosas no salen bien.
9. Imagina que tienes delante a un adolescente que no quiere ir al psicólogo porque piensa que «no está loco», o a un deportista que cree que pedir ayuda psicológica significa reconocer que es débil. ¿Qué les dirías?
Principalmente les diría que pedir ayuda no significa que haya algo malo en ellos ni que sean débiles, sino todo lo contrario. Reconocer que hay algo que nos está costando y decidir trabajar o pedir ayuda requiere mucha valentía.
Además, no hace falta que estemos pasando por algo grave para acudir al psicólogo. Igual que un deportista entrena para mejorar físicamente, también puede trabajar aspectos psicológicos como la confianza, la gestión de los nervios, la frustración o la presión para afrontar de una manera más positiva la competición. En el caso de los adolescentes, pueden simplemente acudir al psicólogo para entender mejor lo que les está pasando y aprender herramientas para afrontarlo.
10. Y terminemos con algo muy personal, Sara. Si una familia, un adolescente o un deportista se sentara contigo por primera vez en consulta, ¿qué te gustaría que encontrara en ti que quizá todavía no ha encontrado en otros adultos: alguien que le enseñe a resolver sus problemas, alguien que le escuche, alguien que le comprenda… o algo diferente?
Sobre todo me gustaría que encontrara un espacio en el que se sintiera escuchado, comprendido y seguro para poder ser él mismo. Para mi, la relación que construyo con mis pacientes es fundamental y una parte muy importante del proceso.